Por Carlos G. González Ruiz
Los que tuvimos la dicha de conocerlo, aunque sea de lejos,
nos damos cuenta de lo que ha sido y será ese hombre que nunca calló y que
sintió como en carne propia los desmanes del imperio, la pobreza o el desamparo.
Siempre al lado de los humildes, agraciado por su voluntad
de ser rebelde, jaranero, intrépido y muy sacrificado.
Lo vimos entonar canciones, jugar a la pelota, acariciar a
un niño o a una anciana. Con esa mirada puesta en el futuro, lo vimos siempre
desafiar los retos que parecían imposibles.