Desde hace tres décadas, el gobierno de Estados Unidos persiste en incluir a Cuba, arbitraria y unilateralmente, en la lista de países patrocinadores del terrorismo, buscando arreciar el cerco que impone a la Isla hace medio siglo.
Con esta medida, que desde 1982 Washington insiste en mantener, el vecino del Norte demuestra que no renuncia a su vieja política de tratar de estrangular económicamente a la Revolución Cubana.