Por Carlos G. González Ruiz.
Vivimos en un mundo prácticamente sin derechos, aunque algunos prefieran decir que el Capitalismo tiene muchas bondades sin las cuales el hombre preferiría estar en el anonimato o en busca de la felicidad perdida.

Pero la realidad es otra y de la teoría a la práctica va un gran trecho, como para analizar a fondo un tema que urge del debate profundo de cada una de las aristas esenciales del problema.
Visto de forma global el Capitalismo, y sobre todo el desarrollado, campea por fórmulas esenciales que posibilitan desarrollo económico sustancial, sobre todo a costa de los elementos básicos que distinguen a ese tipo de sociedad.
El consumismo se ha hecho a la medida de un traje que lo intenta ajustar de forma globalizada a intereses mezquinos, con el solo propósito de engrandecer la fortuna de los menos, que son en definitiva los únicos ricos de este mundo.
Nadie niega en lo absoluto que los países industrializados, como Estados Unidos, Inglaterra o Francia, gozan de un estándar de vida superior a los que subdesarrollados o en vías de desarrollo, padecen la carencia de artículos de primera necesidad.