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Honor y gloria a combatientes cubanos caídos en combate

Por Carlos G. González Ruiz.

Era aquel siete de diciembre de 1989, cuando se cumplían 93 años de la caída en combate del General Antonio Maceo y Grajales y su ayudante el Capitán Panchito Gómez Toro, fecha escogida en Cuba para brindar póstumo homenaje a los combatientes caídos en el cumplimiento de misiones internacionalistas.
Con la presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro, la ceremonia central nacional de despedida de los héroes caídos tuvo como escenario el Mausoleo de El Cacahual, junto a la tumba del Titán de Bronce y  del hijo del Generalísimo.

También en todos los municipios del país se pusieron en marcha los cortejos fúnebres para llevar hasta el Mausoleo de los Caídos por la Defensa, los restos de los combatientes que perdieron su vida en épicas hazañas.
La idea expresada por el compañero Fidel, quién en una ocasión afirmó que “de Angola, cuando termine la guerra, solo nos llevaremos la satisfacción del deber cumplido, y los restos de nuestros compañeros caídos”, se hacía realidad.
Todo un pueblo se reunió en cada territorio para testimoniar el merecido homenaje a sus hermanos caídos, consciente que como dijera Martí "La muerte no es verdad si se ha cumplido bien la obra de la vida".
 Hoy en ocasión del vigésimo segundo aniversario de la denominada Operación Tributo todo el país colma las calles y llega hasta los panteones para recordar a sus valientes compatriotas, a quienes como protagonistas de la audacia y la devoción sin límites hicieron posible realidades de hoy que fueron sueños de ayer.

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