Fidel siempre recuerda a sus compañeros del Moncada

El Asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, devino acontecimiento histórico de colosal grandeza; fue la llama que multiplicó la rebeldía hacia empeños superiores en pos de una Revolución hecha con todos y para el bien de todos, capaz de cambiar el injusto orden de cosas reinante en Cuba.

Como expresara el joven abogado Fidel Castro en su alegato de defensa conocido como La Historia me absolverá: “A los que me llamen por eso soñador, les digo como Martí: el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber; y ese es el único práctico cuyo sueño de hoy será la ley de mañana, porque el que haya puesto los ojos en las entrañas universales y visto hervir los pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos, sabe que el porvenir, sin una sola excepción, está del lado del deber”.

El Moncada tuvo en Fidel la presencia infinita de quien supo valorar lo acontecido y puso al desnudo el ensañamiento viril del ejército dictatorial: “…se convirtió en un taller de tortura y muerte, y unos hombres indignos convirtieron el uniforme militar en delantal de carniceros. Los muros se salpicaron de sangre; sesos y cabellos humanos, chamuscados por los disparos a boca de jarro y el césped se cubrió de oscura y pegajosa sangre”.

Sus hermanos de lucha siempre están presentes, porque la victoria fue cierta gracias a ellos que como motor pequeño echaron a andar el motor grande de la Revolución: “Mis compañeros, además, no están ni olvidados ni muertos; viven hoy más que nunca y sus matadores han de ver aterrorizados cómo surge de sus cadáveres heroicos el espectro victorioso de sus ideas.”

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