Guerra del 95 tras aceptación de giros

Por Carlos G. González Ruiz

Giros aceptados, reza el mensaje en clave enviado por Juan Gualberto Gómez a José Martí. Era el primer domingo de carnaval, del día 24 de febrero de 1895; la revolución iniciada en el 68 renacía con renovada confianza en la victoria. Comenzaba la guerra que ayudaron a preparar los tabaqueros de la emigración y los heroicos mambises.

Se confirmaba la guerra delineada por el Apóstol en íntima comunicación con los generales Gómez y Maceo,  la batalla suprema que devino en el decenio por la definitiva libertad e independencia de la Isla.
Era, sin duda, la continuación de la revolución iniciada por Céspedes en Yara, por lo que en el Manifiesto dado a conocer el 25 de marzo del 95 en Montecristi y firmado por Martí y Gómez, se anunciara al mundo la causa que inspiraba al pueblo de Cuba a declararle la guerra al gobierno español, y el carácter y finalidad de la lucha.
Reiniciarla significaba continuar por el camino trazado sin miramientos y con la disposición de proseguir una contienda que supondría libertad o muerte, victoria o seguimiento incondicional hacia la verdadera soberanía.
Fue, sin duda, la guerra del 95, el motor impulsor de lo que vendría después, no importa el tiempo, sino la continuidad histórica de la Revolución Cubana cuyo triunfo definitivo se hizo realidad el primer día de enero de 1959.
A más de un siglo de aquella gesta, una única decisión irrevocable convoca a los cubanos dignos: la defensa de la independencia y la soberanía de la patria al precio que sea necesario.

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