Terroristas confesos y asesinos andan sueltos

Crescencio Nicomedes Galañena Hernández fue una de las víctimas del terrorismo de Estado en Argentina. Se comprobó que fue secuestrado junto a otro funcionario de la embajada cubana en agosto de 1976.
Sus restos fueron hallados por un grupo de niños 36 años después. Estaban en un barril de metal lleno de cemento.
Crescencio y su compañero Jesús Cejas Arias estuvieron cautivos en Automotores Orletti, centro clandestino de torturas en Buenos Aires y sede del Plan Cóndor.
El agente de la CIA Michael Townley y el terrorista cubano Guillermo Novo Sampoll -socio de Posada Carriles- habrían viajado a la Argentina para interrogar a los diplomáticos, antes de asesinarlos.

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